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sábado 16 de junio del 2007
Malvina Bush
Las personas no somos las únicas que sufrimos con el calor excesivo que durante el verano no baja de los 90 grados en la sombra --y con el factor humedad siempre sobrepasa los 100--, los animales también lo sufren, paciente y resignadamente, dependiendo de la atención y el cuidado de sus dueños. Esto es algo de enorme importancia que debemos tener presente. Y al igual que usted se protege del sol, también debe hacerlo con sus animales, especialmente su perro, cuando lo saque a caminar o a jugar en exteriores. En el verano trate de no sacar a su mascota a caminar durante las cinco horas de más peligro, entre las 12 y las 5 de la tarde.
Jugar con su perro en el patio, el parque o la playa es muy divertido para ambos (especialmente con un frisbee) pero eso puede representar un peligro en potencia durante estos meses de intenso calor.
Los perros y gatos tienen muy pocas glándulas sudoríparas y se refrescan con el jadeo y sudando a través de las almohadillas plantares de las patas, especialmente los que tienen mucho pelo, cuya única forma de disipar el exceso de calor es con el jadeo. Esto, sin embargo, sólo permite un mínimo de refrescamiento, por lo que hay que estar alerta a los síntomas de insolación. Si la temperatura ambiental es muy alta es más difícil para el perro eliminar el calor generado durante la caminata o el ejercicio ya que la diferencia de temperaturas entre el cuerpo y el ambiente se ha reducido notablemente, o igualado.
Un caso de insolación es de emergencia y no hay tiempo que perder porque su mascota puede morir, o caer en choque en cuestión de minutos. Los síntomas de la insolación son un jadeo constante y muy rápido, temperatura elevada, problemas al respirar, debilitación y lentitud al caminar. Es posible que el animal muestre una expresión de angustia o estrés. Si ve alguno de estos síntomas, actúe inmediatamente y llévelo a la sombra, moje todo su cuerpo con agua fresca (con manguera, si la tiene) pero no con agua helada; use una toalla fresca y frótela a lo largo del cuerpo, especialmente la cabeza; ofrézcale un cubito de hielo y acuda inmediatamente al veterinario.
No se le ocurra ni por un momento dejar a su mascota dentro del auto, ni siquiera para hacer ''una pequeña compra''. Aun dejando rendijas en las ventanas, en un día con una temperatura mínima de 90 grados, en cuestión de minutos el interior del auto puede alcanzar una temperatura de 125 grados y convertirse en un horno, creando un gran malestar a su mascota y poniendo en peligro su salud. Solamente la pizarra del vehículo puede llegar a 181 grados y los asientos a 162, una temperatura con la que se puede cocinar hamburguesas. Tenga esto presente y sea cauteloso.•
Fuente: www.elnuevoherald.com
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