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Antes de la vejez, la madurez
Antes de la vejez, existe en el perro la fase de madurez, que es una especie de segundo período de su vida adulta (para simplificar, se podría hablar de fase adulta 1 -entre el final del crecimiento y la madurez- y de fase adulta 2 -período que precede a la vejez-.) La madurez es un período de plenitud del perro, durante el cual comienzan las modificaciones celulares, todavía invisibles a simple vista, que son el preámbulo de la vejez
Consecuencias del envejecimiento sobre el organismo
Si bien es cierto que el envejecimiento es irreversible y las teorías al respecto son numerosas, actualmente se comprenden mejor algunas de sus repercusiones a nivel celular, orgánico, comportamental y sensorial. El mejor conocimiento de estos efectos debe permitir al dueño del perro mejorar su cuadro higiénico global, en el cual es esencial una alimentación adecuada que reducirá las consecuencias de los factores agravantes del proceso normal de envejecimiento. Al hablar de un perro viejo se está considerando un período que se inicia a una edad diferente según el tamaño: 8 años para un perro pequeño, 7 años para uno de tamaño mediano, 6 años para un perro de tamaño grande. Las modificaciones que aparecen entonces va a aumentar gradualmente la sensibilidad del perro a la enfermedad y al estrés. Se considera que a partir de estas edades el riesgo mortal se duplica cada 1 a 2 años. Con la edad, la caída del potencial fisiológico se hace evidente, con el consecuente aumento de la vulnerabilidad del animal a todo tipo de estrés y la disminución de su protección inmunitaria contra las enfermedades infecciosas.
En cuanto a la composición global del organismo, se observa en el perro viejo:
- un aumento de los depósitos adiposos; el animal es más gordo y no moviliza bien los lípidos;
- una disminución en la hidratación del organismo, especie de deshidratación crónica que perjudica su buen funcionamiento.
Algunas funciones no digestivas están alteradas:
- reducción de la protección inmunitaria,
- disminución de la resistencia al frío, de la capacidad de combatir al calor,
- afectación progresiva de la función renal,
- desmineralización lenta del esqueleto,
- destrucción de las membranas celulares por efecto del denominado “estrés oxidativo de la membrana”,
- aumento de las insuficiencias hepáticas o cardíacas,
- incremento evidente de la frecuencia de los tumores cancerosos o no,
- el pelo se vuelve blanco y la piel suave. Las funciones digestivas también se ven afectadas:
- después de la edad mencionada precedentemente, la dentadura puede causar problemas al animal, con la formación de sarro contra el cual habrá que luchar ya que es responsable de inflamaciones e infecciones de las encías que pueden llegar a descarnar los dientes;
- la producción de saliva es menor cuando el perro engorda y el tejido adiposo invade las glándulas salivares;
- el tránsito digestivo (progresión de los alimentos por el tubo digestivo) se hace más lento debido a la menor tonicidad muscular de los intestinos, lo que expone al perro a fases de constipación seguidas a menudo por episodios de diarreas;
- el intestino es cada vez menos capaz de adaptarse a una modificación del alimento, el cual deberá permanecer constante imperativamente, mientras que algunos fenómenos de absorción son menos eficaces, haciendo necesario un alimento hiperdigestible.
Los sentidos y el comportamiento del perro también se modifican:
- la disminución de la agudeza visual y la pérdida del audición son frecuentes,
- puede producirse una degradación del olfato,
- el animal se vuelve apático porque es más débil y menos resistente, por lo cual habrá que darle una cantidad reducida de energía en su alimento.
Un perro viejo será mucho más sensible a los contactos humanos cotidianos y buscará la compañía de su amo, dando más importancia a las horas de la comida.
No obstante, para que el perro se mantenga en forma durante el mayor tiempo posible y para que pueda beneficiarse de toda su esperanza de vida, la alimentación debe permitirle paliar la mayor sensibilidad debida a su edad. Se sabe que cualquier error alimentario, independientemente de la edad, puede acelerar el proceso de envejecimiento; por lo tanto, la ración del perro viejo deberá respetar las siguientes reglas:
- disminución cuantitativa global del 10 al 20 % para responder a una actividad física reducida y prevenir la obesidad,
- leve aumento o mantenimiento de la concentración de proteínas del alimento (por lo menos el 25 %) para mantener un equilibrio óptimo y permitirle combatir mejor el estrés y mantener su estado inmunitario (algunos autores preconizan una reducción de los aportes de proteínas para los perros de edad, pero esto resulta muy nefasto y no se justifica como prevención contra una insuficiencia renal crónica);
- aumento del contenido de fibras alimentarias, que aparece como una necesidad porque asegura una buena higiene digestiva, previene los frecuentes fenómenos de constipación y permite reducir el aporte energético del alimento sin tener que reducir el volumen de las comidas;
- aumento de los aportes de vitaminas y oligoelementos, particularmente de las vitaminas antioxidantes (vitamina E y en este caso, vitamina C), para ayudar a las células a combatir el denominado “estrés oxidativo de la membrana”, proceso asociado al envejecimiento que destruye las membranas protectoras.
Por todas las razones enumeradas, es preferible, para el perro que está envejeciendo, elegir un alimento seco completo (croquetas o sopa para rehidratar), especialmente formulado para esta aplicación. Por supuesto, siempre es posible adaptar la ración según el tipo de alimentación elegida.
Así, una ración casera equilibrada deberá contener (por kilogramo de alimentos):
- carne magra 270 gramos
- hígado 80 gramos
- arroz cocido 400 gramos
- salvado de trigo 160 gramos
- huevo duro entero 80 gramos
- 1 cucharada de café de aceite de girasol
- 1 cucharada de café de vegetalina de coco
- 2 cápsulas de aceite de pescado
- complementos vitamínicos y minerales
Es importante tener en cuenta el tamaño del perro, tal como se observa en algunos alimentos secos completos: por ejemplo, la adaptación del tamaño de las croquetas lo ayuda a comer a una edad en que sus dientes son cada vez más frágiles, mientras que una digestibilidad alta de las materias primas permitirá prevenir las diarreas y un aporte reducido de fósforo ayudará a fragilizar menos el riñón.
Al hecho de que los perros de razas pequeñas, medianas o grandes no envejecen de igual manera, se suma en el plano nutricional la necesidad de respetar un enfoque por “tramos de edad”, que conduce a alimentos adecuados que se pueden calificar “Adulto 1” (el perro está en plena posesión de todas sus facultades), “Adulto 2” (perro maduro) y “Senior” (el perro está envejeciendo y sus capacidades físicas declinan progresivamente).
Fuente: Enciclopedia Canina de Royal Canina:
http://www.royal-canin.com.ar/
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