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La borreliosis o enfermedad de Lyme es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria de la familia de las espiroquetas llamada Borrelia burgdorferi. Esta bacteria se transmite mediante la picadura de las garrapatas. Los perros con esta enfermedad presentan un cuadro clínico que puede confundirse con otras enfermedades. Los síntomas más frecuentes son cojera intermitente, fiebre, apatía y anorexia. El diagnóstico es mediante serología sanguínea y el tratamiento se basa en el uso de antibióticos (doxiciclina) durante varias semanas. La manera más eficaz de prevenir la enfermedad es mediante la prevención de las garrapatas.
¿Qué la produce y cómo se adquiere?
La borreliosis o enfermedad de Lyme está producida por una bacteria de la familia de las espiroquetas, de nombre científico Borrelia burgdorferi.
La infección se adquiere a través de la picadura de las garrapatas del género Ixodes.
La garrapata pica a un perro infectado y así el insecto adquiere la bacteria.
Cuando la garrapata cambia de huésped y se fija para alimentarse, la bacteria se inocula mediante la saliva en el lugar donde ha picado.
Sin embargo la infección, en la mayoría de los casos, se transmite a partir de las primeras 24 horas después de la fijación de la garrapata a la piel.
Se trata de una transmisión indirecta a través de un vector (la garrapata).
No se ha encontrado otra vía de transmisión de la enfermedad que no sea mediante la intervención de las garrapatas.
¿Qué síntomas presenta un perro con la enfermedad de Lyme?
Los síntomas que se presentan son debidos a la reacción inflamatoria de los diferentes tejidos frente a las bacterias.
El motivo de consulta más frecuente consiste en cojera intermitente (a veces, de varias extremidades) y dolor articular y/o muscular. La apatía, anorexia (disminución o ausencia de apetito), fiebre, linfadenopatía (aumento de ganglios linfáticos) son también frecuentes. Raramente se observan fallo renal, alteraciones cardíacas o signos neurológicos tales como convulsiones o cambios de comportamiento.
¿Cómo se diagnostica?
La analítica básica del perro con enfermedad de Lyme suele ser normal. En casos en los que haya afectación renal se pueden observar incrementos en la urea y la creatinina (azotemia) en sangre y pérdida de proteínas en orina (proteinuria).
El análisis del líquido articular en los casos que presentan cojera demuestra una artritis supurativa (elevada presencia de leucocitos en el líquido).
La bacteria Borrelia burgdorferi es muy difícil de aislar de las muestras de líquidos corporales (sangre, orina o líquido articular) y la observación directa se hace imposible. Se hace necesaria la realización de una serología para detectar la presencia de anticuerpos contra la Borrelia.
Un resultado de serología positivo no es igual a enfermedad. Para diagnosticar la enfermedad de Lyme en el perro, el animal debe cumplir varios requisitos:
- exposición al vector (parasitación por garrapatas) en algún momento
- presencia de los signos clínicos más frecuentes
- serología positiva
- respuesta al tratamiento
Si se cumplen los tres primeros, se inicia el tratamiento y si el cuadro clínico no remite cabe considerar otros procesos que cursan con signos clínicos similares, por ejemplo: artritis infecciosas (ehrlichiosis, leishmaniosis), artritis inmunomediadas (lupus eritematoso sistémico), artritis reumatoide, enfermedades degenerativas articulares en perros de edad avanzada.
¿Cómo se trata?
El tratamiento de elección en la enfermedad de Lyme son los antibióticos. Se utilizan sobre todo las tetraciclinas (especialmente la doxiciclina). Consiste en un tratamiento largo, de 3 a 4 semanas de duración.
La respuesta al tratamiento es muy buena, pero la eliminación total del microorganismo es difícil. No es raro encontrar recidivas o animales que se reinfectan. En estos casos de recaída, el mismo antibiótico suele funcionar igual de bien. En muchos casos la serología no se hace totalmente negativa a pesar del tratamiento.
¿Cómo se puede prevenir?
En países con mayor incidencia de la enfermedad (como es el caso de Estados Unidos) se plantea la vacunación como medida preventiva en las regiones en las que se da con mayor frecuencia la enfermedad (zonas donde hay garrapatas). En España la incidencia es muy baja y la utilización de la vacuna se reserva para casos en los que el veterinario considere adecuado (criadores, zonas con brotes frecuentes de la enfermedad).
La prevención de la enfermedad pasa obligatoriamente por el control del vector. Los perros deben ser inspeccionados con frecuencia para detectar la presencia de garrapatas. Baños antiparasitarios, limpieza con productos insecticidas del ambiente, utilización de collares de amitraz, u otros productos antiparasitarios tópicos efectivos contra las garrapatas (pulverizadores, pipetas) son medidas preventivas útiles para que el perro no se infeste con garrapatas.
Cristina Sánchez
Veterinaria
Fuente: http://www.ckc.org.ar/noticiasanteriores-id_noticia=713.htm |