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21.07.08
ANA LUZ MANZANO
25 niños placentinos se convierten esta quincena de julio en 'aprendices de veterinarios' La policlínica Albeco organiza actividades infantiles con animales desde hace cinco años
Foto: Una de las participantes muestra el hamster que cuidará durante esta quincena/ ANDY SOLÉ
Cada mañana de verano la Policlínica Veterinaria Albeco, en la plaza
del Sirimiri, se llena de niños. Sus dueños proponen desde hace cinco
años unas vacaciones diferentes para los más pequeños de la casa. La
clínica pone a disposición de 25 chicos todas sus instalaciones. Además
de un equipo de profesionales que enseñan a los niños a ocuparse de sus
mascotas.
A las 9.30 horas comienza la jornada. Los chavales pueden llevar sus propios animales o encargarse de los que se encuentran en la clínica. Como es el día de inicio, lo primero de todo son las presentaciones. De cada especie se ocupan dos niños. Una vez hecha la elección, hay que poner nombre a la mascota. Durante las próximas dos semanas los chicos son responsables de todos sus cuidados. La primera tarea del día consiste en limpiar las jaulas y abastecer de agua y comida a los animales. Para aprender desde el primer día a ser responsables en el cuidado.
Hurones, chinchillas, hamsters, perros, gatos, conejos, iguanas y hasta un mochuelo son los ejemplares que durante el mes de julio reciben la atención de los pequeños cuidadores. La variedad de animales hace que los niños se familiaricen con especies que nunca habían visto.
Dos veterinarios les orientan y enseñan. Junto a ellos, dos monitores les entretienen con juegos y manualidades. Se trata de «fomentar la tenencia responsable de mascotas», asegura Antonio Blázquez, veterinario de Albeco y promotor de la iniciativa.
En los próximos días los chicos conocerán cada rincón de la policlínica: sala de rayos, aula, consulta, laboratorio, quirófano, peluquería. Son algunas de las dependencias por las que pasan los pequeños. En cada lugar les espera una charla, lección o práctica que les acerca un poco más al mundo animal.
«Las charlas tratan cada día sobre una mascota diferente. También les ponemos documentales que les ayudan a comprender lo explicado», comenta Rosa María Peromingo, una veterinaria que les acompaña. Prosigue la mañana. Javier Curiel, de 10 años, enseña a su conejo a regresar a la jaula. Comenta que de mayor le gustaría ser biólogo. Noah y Manuel, de 4 y 6 años respectivamente, prefieren encargarse de las tortugas.
Tienen entre 4 y 10 años. Mientras unos se quejan del mal olor de los animales, otros son incapaces de acercarse a algunas especies, como las iguanas. Pero esto solamente ocurre los primeros días. Al final terminan con ganas de repetir. Los más pequeños, fonendo en mano, escuchan impresionados el corazón de un conejo. A los mayores les gusta hacer ecografías y radioagrafías. Aprenden a utilizar todo tipo de aparatos clínicos.
Hábito de higiene
Otras de sus funciones es encargarse del aseo de las mascotas, desparasitarlas o hacerles curas. En estos momentos es importante inculcar a los chicos el hábito de la higiene. Tanto del animal como la suya propia tras la manipulación de las mascotas. Para ello los veterinarios aplican un cultivo a los niños. El ungüento pone a la vista todas las bacterias acumuladas en sus manos. Cuando las ven corren a lavarse.
Quince días de aprendizaje dejan huella. Muchos chicos repiten experiencia cada verano. Y surge alguna que otra vocación. «De mayor quiero ser veterinario», dice Manuel, de 9 años, mientras se encarga de la lechuza.
Todos están encantados. Sólo encuentran un problema a la actividad. Madrugar en vacaciones.
Fuente: www.hoy.es
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