Visitas : 357  |
Favoritos : 9 |
31.01.08
Sílvia Tarragona
Al final se van a pensar que no hago otra cosa que leer. ¡Pues no se equivocan! A parte de ir al cine, mi vida se basa, entre otras muchas cosas, en devorar textos. No me gustaría, pese a todo, que este post semanal se convirtiera en una especie de guía literaria pero, que quieren que les diga, tener un buen libro en las manos da para tanto...
Desde hace unos días me dejo acompañar por las memorias de una mujer adelantada a su tiempo, Elizabeth Von Arnim. Una escritora irónica, brillante y tenaz que se casó con un conde y que retirada en una finca aislada en la región de Pomerania, en Alemania, escribió uno de los primeros best sellers. Su novela "Elizabeth y su jardín alemán" consiguió veintiuna reediciones en 1898, el año en que se publicó.
¿Qué tiene de extraordinaria esta narración? Pues que ella cuenta su propia vida a través de las peripecias de los canes que la han acompañado. Como muestra este botón: "Para empezar, les diré que aun apreciando mucho a mis padres, mis maridos, mis hijos, mis amantes y mis amigos, ninguno de ellos es capaz del amor de un perro. Como yo también he sido madre, hija, esposa, amante y amiga, sé muy bien cuán tornadizos son los amores humanos. Los perros, cuando te aman, sabes que eso es para siempre hasta su último ladrido. Así es como me gusta ser amada, y por eso os hablaré de perros".
¡Qué sabia! Efectivamente, en la mirada perruna podemos hallar gratitud, bondad, paciencia pero nunca rencor o reproche. Deleitándome con esta perla que ha editado Lumen, pensaba que si pudiéramos entrar en el túnel del tiempo y adelantar los años que nos quedan para llegar a la vejez, ¿cuántos de aquellos que nosotros creemos imprescindibles estarían a nuestro lado? Quizás el resultado sería tan decepcionante que nos encerraríamos en un laberinto propio de soledad no elegida. ¿Cómo podemos definir, no sólo la amistad, sino también la intensidad de la relación? ¿Transitamos en una sociedad tan veloz que también los vínculos personales están acelerados?
La camaradería va cogida de la mano de la empatía. Puedes estar años compartiendo espacio con alguien que el destino te ha puesto en tú camino y no sentir ni la mitad de sintonía que tienes con un recién llegado. Cuando era una niña, en el estricto colegio religioso en el cuál estudié, la fuerza se medía por la cantidad de jovencitas que jugaban contigo en el patio. Ya en aquel entonces era una persona especial y no me relacionaba demasiado. Un tebeo, la música o sencillamente observar lo que me rodeaba era mucho más iniciático que jugar al escondite inglés.
La amistad, tal y como yo la practico, no es sólo presencia física es, por encima de todo, apoyo. Mario Benedetti en un poema titulado "Puede usted contar conmigo", sentencia: "Puede usted contar conmigo. No hasta cuatro o cinco, sino contar conmigo". Esto es lo más importante, casi como una cuestión de honor. Recuerdan el grito de guerra de Los tres mosqueteros "Uno para todos y todos para uno". Sé perfectamente las cinco o seis personas de mi entorno que estarían y que ya han estado en circunstancias difíciles a mi lado y eso es lo más importante. Me aterrorizan aquellos individuos que necesitan constantemente la presencia ajena para ser más fuertes, sentirse más seguros o sencillamente ocupar sus silencios. ¡Con lo recomendable que es estar con uno mismo, conocerse y permitirse el lujo incluso de llorar a mares echando de menos una tiempo que paso y que nunca volverá!
La historia de cada uno de nosotros, como dice Elizabeth Von Arnim, a medida que avanza está llena de tumbas. Con eso debemos vivir. Llegado el instante fatal, lo mejor es ser un perro listo y sensato, mantener el ánimo alto y agitar el rabo con brío hasta el final. Es la actitud más digna, ¿no creen?
Fuente: www.lavanguardia.es
|
|
|