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05.07.08
Por Mario Diament
MIAMI.- Cuando la multimillonaria Leona Helmsley murió, en agosto del año pasado, escandalizó al mundo nombrando como principal heredera a su perrita Trouble, a la que le dejó 12 millones de dólares. Eventualmente, una corte redujo el legado a dos millones, lo cual todavía constituye una bonita suma, tratándose como se trata, de un pequeño maltés de 9 años.
Helmsley alcanzó notoriedad cuando se casó en 1972 con el magnate Harry Helmsley, dueño del edificio Empire State y de los hoteles Helmsley Palace y Park Lane en Nueva York. Caprichosa e insultante, se hizo célebre por maltratar al personal a su servicio, lo que le valió el apodo de "la reina de la perfidia".
Su displicencia hacia la práctica de pagar impuestos le valió pasar 19 meses a la sombra en 1989, gentileza del entonces fiscal Rudy Giuliani. La experiencia y, especialmente, la muerte de su marido en 1997 la convirtieron en una misántropa hasta el fin de sus días.
Esta semana, Leona Helmsley y los perros volvieron a ser material de prensa cuando trascendió la existencia de una carta de dos páginas, firmada por ella, en la que destinaba toda su fortuna, estimada entre 5000 y 8000 millones de dólares, "para ser usada en el cuidado y bienestar de los perros".
La noticia, que seguramente conmovió al mundo canino, sumió en la confusión a los ejecutores del testamento y a los herederos, quienes trataban de determinar el exacto valor legal del documento.
Originalmente, la carta, escrita en 2003, especificaba dos propósitos para la asignación del dinero: ayudar a indigentes y aplicarse al cuidado y bienestar de los perros. Pero un año más tarde, Leona Helmsley consideró que la indigencia no era su problema y eliminó el primero de los objetivos.
Algunos abogados arguyen que si bien la carta es una expresión de los deseos de la testadora, no configura una obligación legal, pero otros argumentos señalan que las leyes del estado de Nueva York tienden a interpretar y respetar los deseos del donante y que la carta los expresa claramente.
En Nueva York hay registradas 7381 fundaciones protectoras de animales. Sumados sus presupuestos, no llegan ni remotamente a la bonanza que les llovería si las intenciones de Leona Helmsley fueran interpretadas en su favor.
Pero la abundancia tiene su precio. Cuando la suma heredada por Trouble se hizo pública, la perrita fue objeto de varias amenazas de muerte que obligaron a ponerla bajo custodia, a un costo de 100.000 dólares anuales. Otros gastos que insume mantener el estilo de vida de Trouble, incluyen 8000 dólares anuales por aseo, peinado y otros tratamientos de belleza, 1200 dólares en alimentos y 60.000 por gastos generales de residencia y servicio.
A pesar de estas amenidades y de su considerable fortuna, Trouble ocupa un distante segundo lugar entre los perros más ricos del planeta. El que encabeza la lista es un ovejero alemán llamado Gunther IV, cuyo patrimonio se calcula en 180 millones de dólares. Otros ejemplares que podrían ingresar en este exclusivo club perruno son los caniches de Oprah Winfrey, quien anunció que piensa dejarles 30 millones de dólares como herencia.
¿Cuál es el secreto de la extraña relación entre la opulencia femenina y sus mascotas? Si es cierto que los ricos son diferentes de nosotros, como proclamaba Scott Fitzgerald, es probable que estas damas que han trabajado tan duro por escalar la pirámide social, al final de sus vidas acumularan tal resentimiento hacia sus pares del género humano que sólo logran conmoverse ante el meneo de la cola de uno de estos falderos desvergonzados.
Fuente: www.lanacion.com.ar
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