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Lunes 2 de Julio de 2007
Fue golpeado salvajemente dos veces. Una mujer lo socorrió, fue internado y atendido por una veterinaria en forma gratuita. Hoy le dan el alta, pero volverá a la calle, a menos que alguien lo reciba en su hogar.
Cuando apareció por el kiosco, estaba maltrecho y asustado. Había recibido la primera paliza de los más grandes, que desde ese momento se dieron cuenta que podían con él.
La mujer, ni necesitó llamarlo para que bebiera un poco de agua, él se tiró de cabeza en el platito y también comió algo, pero lo que verdaderamente quería era esconderse y descansar.
El kiosco es chiquito, pero esa noche la pasó ahí. ¡Qué julepe tenía! A la mañana, la mujer le abrió la puerta pero él no se movió de la caja donde había dormido, y por primera vez oyó que lo llamaban...
-Corchito, vamos para afuera que tengo que trabajar, así después te hago ver por la doctora.
-Corchito, ¿no podía haber elegido un nombre más lindo esta mujer?
pensó él, y la miró desolado, ella a su vez pensó que la miraba así por la fiebre, y al mediodía los dos estaban en lo del médico.
-¡Internación!, dijo la doctora.
-Esto necesita una internación porque hay que hacerle..., y empezó a decir una lista tan larga de medicamentos y acciones médico-sanitarias que la mujer se sobresaltó.
La médico se dio cuenta y la calmó diciéndole que no se preocupara, que no iba a cobrarle nada y que los remedios los iba a dejar al menor precio posible... (Quedan de estos amigos médicos veterinarios hombres y mujeres en la actualidad y en esta ciudad, parece mentira pero están.
A todos ellos está dedicado este relato).
La mujer dejó a Corchito y se volvió a trabajar. Pasaron los días y Corchito, totalmente repuesto, vivía en los alrededores del kiosco disfrutando el solcito en la plazoleta, el pastito, la gente que lo acariciaba y su libertad.
Y un día partió... Y otro día apareció en el kiosco otra vez..., ¡más destruido que antes...! Esta vez los grandotes lo dejaron con vida porque se habían cansado de morderlo, arrastrarlo, tarasquearlo... en fin, había recibido una tunda mayúscula.
Esta vez sí fue difícil reponer su salud. Había perdido mucha sangre, y no tenía el ánimo necesario para vivir. Otra vez la mujer lo dejó descansar en una caja dentro del kiosco, pero no demoró en volver a lo de la doctora; Corchito estaba muy mal.
Si no fuera un perrito, bien podría ser el protagonista del drama de Andreiev que como título encabeza esta crónica.
Despojado de todo bien: el calor de una casa, el amor de una familia, la fortuna de una cucha acolchadita, él no había perdido la alegría de ese don que Dios le había regalado: la vida, y lo demostraba jugando y haciendo jugar a los demás perros callejeros...
Algunos de ellos tienen mal carácter y no lo soportaban, entonces Corchito recibía las dentelladas.
Hoy Corchito está todavía internado. Hoy recibirá el alta y volverá a la calle porque no tiene una familia que lo reciba... No sabemos si podrá sobrevivir a la próxima paliza.
Si leíste hasta aquí, pensalo... Vos lo podés salvar, llamá a estos teléfonos: 501669 ó 15622080, te va a atender gente amiga, preguntá por Corchito, el más fierro de los fierros y llevátelo para que te haga reir a vos.
Teresita Tosco
Voluntaria de El Amparo Asociación Civil.
Fuente: www.laopinion-rafaela.com.ar
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