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Alexandre Peyrille / AFP
PISCO, Perú.- En las ruinas de la catedral de San Clemente, de Pisco, los socorristas buscan este sábado eventuales sobrevivientes pero las esperanzas se desvanecen hora tras hora en el lugar, donde 80 cadáveres ya han sido retirados.
"Hemos descartado la posibilidad de encontrar gente viva en la iglesia y en el resto de la ciudad, pero hay muchos cadáveres en las casas colapsadas", afirma el coronel Alfaro Lagos, comandante de una unidad de emergencia de la policía peruana, mientras señala la destrozada catedral.
Antonio Rodríguez, funcionario de la alcaldía de Pisco en contacto con los bomberos, suspira sin esperanzas: "Con el tiempo, no hay más posibilidad de encontrar gente viva".
El descubrimiento el viernes del sacerdote José Torres, que celebraba la misa en el momento del sismo y que escapó milagrosamente de la muerte, despertó un poco las esperanzas en los optimistas.
Tras el sismo del miércoles en la noche, seis personas en total han sido rescatadas con vida de la iglesia.
"Yo creo en milagros. el caso del cura me da esperanza", indica el comandante de bomberos Carlo Erausquin.
PRIMERAS 48 HORAS SON FUNDAMENTALES
"Es verdad que las 48 primeras horas son fundamentales, pero depende de la resistencia de la persona, uno puede aguantar una semana, diez días", explica Jesús Velasco, jefe de los Bomberos Sin Fronteras, ONG española que trajo a Pisco perros entrenados.
"No en las casas de adobe, pero en las casas o edificios con estructura de concreto, puede haber huecos", señala por su parte Pedro Frutos de la ONG K9 de Creixell.
Con sus hombres y dos pastores alemanes, se prepara para revisar los escombros de un hotel habitualmente frecuentado por turistas extranjeros en el centro de Pisco.
A sus espaldas, un espacio de la plaza de armas fue acondicionado para realizar los trabajos de identificación de cadáveres retirados de la catedral.
Las víctimas que asistían a la misa del 15 de agosto son colocadas al sol sobre lona negra. Son hombres y mujeres con cuerpos hinchados, ennegrecidos y cubiertos de polvo.
RIESGO DE EPIDEMIA
A los habitantes de Pisco que buscan desaparecidos se les invita a acercarse a reconocer a un ser querido. Tímidamente avanzan, angustiados. Los que se confrontan con la muerte estallan en sollozos, tras un momento de horror. Las llorosas familias se inclinan sobre el ataúd de un hermano, un padre o un abuelo.
La plaza central de Pisco en frente de la catedral se ha transformado en campamento para bomberos y policías que trabajan en los escombros. Un médico los insta a retirar los desechos: "Hay que recoger la basura, con la descomposición de los cadáveres, hay riesgo de epidemia".
Sentados en un banco, dos octogenarios, Oscar García y Juan Farfán, observan la terrible escena. "Cada vez que sacan un cuerpo de la iglesia, es como si me ... (hace el gesto de recibir un navajazo en el cuello)", dice el primero.
Fuente: www.laprensa.com.ni
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