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Las primeras salidas
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Una vez terminado el ciclo de vacunaciones, el cachorro puede tranquilamente comenzar a salir y a tener relaciones sociales: tenerlo en casa bajo una campana de vidrio para evitarle posibles enfermedades o peleas con otros perros es un sistema seguro para crearle problemas de carácter.

Experimentalmente se han criado perros que no podían recibir los procesos normales de imprinting y de aprendizaje: estos ejemplares se denominan Kaspar Hauser, nombre del misterioso personaje aparecido en Nuremberg en las primeras décadas del siglo XIX a la edad de 16 años, después de haber vivido hasta entonces totalmente aislado.

La cría de ejemplares Kaspar Hauser tenia la finalidad de descubrir que parte del comportamiento animal se basa en mecanisjos innatos y que parte es aprendida. Pero el experimento permitió averiguar también que en estos perros surge un autentico síndrome, cuyos síntomas son timidez, miedo del hombre, agresividad en algunos casos y, en otros, incluso demencia.

Campbell lo denomina "síndrome de perrera", porque muy a menudo se da en ejemplares que han nacido y vivido durante varios meses en un criadero, que tienen contactos incluso buenos y frecuentes con el criador, pero que no ven a otras personas y no salen nunca de su box o del restringido ambiente que conocen.

Hace años, por pura casualidad, tuve que adiestrar a breve distancia el uno del otro a dos pastores alemanes hermanos de camada, pero pertenecientes a propietarios distintos, que ni siquiera se conocían entre sí. Conocí al primero de estos dos cachorros cuando tenía nueve meses, al segundo cuando tenía un año. Ambos propietarios sabían perfectamente que el padre de sus ejemplares, un espléndido semental muy usado en aquel período, tenía problemas de carácter.

El propietario del primer perro, sabiendo que tenía entre manos al hijo de un tímido lo había criado entre algodones, porque el cachorro a los cuatro meses había dado algunas señales de temor cuando se le acercaban extraños. Para no traumatizarlo el amo había decidido dejarlo crecer y madurar antes de hacerle afrontar nuevas experiencias sociales, y el perro a los nueve meses no había visto a más personas que a su amo y a sus familiares, por los que era muy mimado.

El segundo cachorro, a su vez, había manifestado signos de timidez incluso bastante serios hacia los tres meses: orinación por sumisión, gañidos cuando alguien lo acariciaba y miedo al disparo (a diferencia del primer cachorro). Pero su propietario, en lugar de aislarlo, lo había llevado lo más posible al medio del tráfico, de los ruidos, de la gente. Además, había adquirido la costumbre de disparar con una pistola de juguete cada vez que el cachorro iba a comer.

No creo que haga falta decir que obtuve buenos resultados con el segundo perro. Pasados dos meses trabajaba impecablemente y llevaba a cabo de forma más que suficiente incluso los ataques.

En cambio, conseguí muy poco con el primer cachorro. Aprendió discretamente las órdenes básicas, y al volver con la familia para seguir un programa de readaptación, se convirtió en un perro aparentemente normal, que caminaba con desenvoltura entre las personas. Pero nunca fue posible enseñarle la defensa de su amo y, si alguien lo acariciaba, tendía siempre a rehuir el contacto.

Espero haber aclarado con estos ejemplos que el síndrome de perrera puede surgir también en familia, si no se le permite al cachorro tener suficientes experiencias ambientales y sociales. Así pues, sin duda es positivo sacarlo lo antes posible, sin preocupaciones inútiles. Si bien, evitarejos en la medida de lo posible el contacto con heces de otros animales, si nuestro cachorro aun no ha recibido su primera desparasitación.

Fuera de la traílla, las primeras veces. La traílla debe representar para el cachorro una prolongación de la mano del amo, amistosa y capaz de infundir confianza (y por ello no se le debe permitir nunca al cachorro mordisquearla o jugar con ella).

Para habituar al cachorro es conveniente elegir una de cuero (¡nunca una cadena!) fina, larga y ligera. La traílla corta, de asidero (que muchos eligen porque da la impresión de tener mas control sobre el perro), le enseña al perro a tirar como un condenado, y no le permitirá nunca obtener una buena marcha. El cachorro, en este caso, permanece cerca de las piernas del amo porque está obligado a hacerlo y no porque ha entendido que ese es el lugar adecuado. Póngale al cachorro el collar (no de nudo corredizo) y la traílla en alguna ocasión agradable (la hora de comer, por ejemplo) hasta que esté seguro de que se ha habituado a llevarlos tranquilamente. Luego salga de casa, para que vea (o mejor dicho, huela) el mundo. Aproveche también para enseñarle la marcha de la traílla.

A la traílla (o arnés)

Para ejecutar este ejercicio camine siempre con el cachorro a su izquierda. O mejor, trate de tenerlo a la izquierda, porque sin duda el cachorro caminará hacia cualquier lado y de seguro se meterá entre sus pies trescientas veces por minuto. Las distintas posibilidades son, aproximadamente, las siguientes:

" Empinarse, hacer un poco de rodeo y negarse a proseguir.

" Echarse al suelo gañendo con desesperación como si lo estuviesen matando.

" Tirar de la traílla para ir a mirar allí, o husmear allá, y de vez en cuando dar un salto para alcanzar a un gato o a una mariposa, permaneciendo levantado del suelo durante unos instantes, para luego caer de espaldas y mirarle con aspecto afligido como si usted lo hubiese castigado.

" Tratar de seguirle, pero guardándose bien de permanecer en su puesto a la izquierda.

Independientemente de que el cachorro tenga aspecto desesperado o divertido, la primera salida con la traílla le hará desesperar a usted, pero tranquilícese, porque no debe durar más de cinco o diez minutos.

Haga lo que haga su pequeño amigo, háblele alegremente y con dulzura, deje la traílla muy larga, no tire de ella nunca y trate de conseguir que el cachorro siga sus pasos durante unos diez metros, si es necesario arrodillándose y llamándolo (si le ha enseñado la llamada con el cordel, llegará moviendo la cola). Tan pronto como le siga un poco, felicítelo exageradamente y hágale entender que esta supersatisfecho con él. Mientras le sigue, comience a decirle "pie" (o bien "fuss", en alemán). Después de diez minutos como máximo, vuelva a casa.

Repita al día siguiente, y al otro, alargando un poco el tiempo. Por ahora debejos conseguir solamente que siga la traílla, aún es pronto para obligarle a asumir la posición correcta junto a la rodilla. Sin embargo, no debe tirar. Cuando trate de hacerlo, dígale "¡pie!" y tire inmediatamente. El cachorro recibirá una ligera sacudida, y entenderá pronto que no debe superarle, si no quiere sentir este desagradable golpecito.

El ejercicio de la conducción debe enseñarse por grados, partiendo de lecciones de cinco minutos, pero ello no significa que el perro deba permanecer fuera de casa durante solo cinco minutos.

Acabada la lección, el cachorro ya no estará obligado a permanecer al pie, sino que con la traílla larga podrá husmear alrededor, conocer personas, ruidos, animales, en una palabra, habituarse al mundo exterior. Permanezca fuera media hora al día, luego alargue el tiempo todo lo que quiera. Cuantos más estímulos ambientales y sociales le lleguen al cachorro, mucho mejor.



(Texto obtenido de "Guía completa para el adiestramiento del perro", Valeria Rossi, Ed. de Vecchi)

Fuente: www.delaestribera.com

 

   
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